martes, 18 de mayo de 2010

Ataúd Martinolli y los marginales

Conocí a Ataúd Martinolli a finales de la década de los ochenta. Fue, literalmente, el primer poeta de carne y hueso que conocí. Por su andar, vestimenta desgastada y mediana cabellera tostada, mi primera impresión fue que tenía frente a mí a un albañil. Nada había en él de cierto y preconcebido. Antes para mí la poesía era un asunto de libros y lecciones escolares. Hoy, he de reconocer, lo sigue siendo, pero con un sesgo de indeterminación.

Ataúd Martinolli representa una casta de poetas difíciles de clasificar. Para algunos es un necio, para otros un perdedor. Desde siempre se ha negado a participar en antologías; una y otra vez ha rechazo ediciones en editoriales “institucionalizadas” u “oficiales”, incluso en las mal nombradas “independientes”. Para asombro de muchos (incluidos, imagino —mal pensado como soy—, esposa e hijos) se ha negado a utilizar teléfono, internet y todos los imprescindibles de la ultramodernidad. Y no me refiero sólo al celular, sino al otro, al fijo que ya nos parece de cavernícolas. El no uso de esos “intermediarios” remarca su hosca prescindibilidad. Su terquedad termina por subrayar nuestra necedad.

Pocos poetas de Guanatos reúnen en sí tanta congruencia estética como Ataúd Martinolli. Una congruencia que algunas veces intimida y molesta. Intimida porque se levanta a contracorriente de la legitimidad poética construida durante los últimos decenios. Molesta porque hace recordar lo patético que los escritores suelen ser para buscar obsesivamente los halagos, las portadas de los periódicos, los premios, las caricias. Conozco poetas serviles a más no poder. Es un servilismo contagioso, que nos penetra como la humedad y, sin darnos cuenta, terminamos por ser sus hijos —hijastros, al final ninguneados. Si algo demuestra la historia de la literatura es que nada está escrito y sus juicios son terribles. Desconsoladores para los ingenuos, injustos para los desdichados.

¿Cómo juzgar lo que se nos escapa por los orificios de un esteticismo vacío? ¿Cómo evitar tergiversar la diferencia desde un purismo trasnochado y retórico del que seguimos siendo herederos? Yo mismo he defendido la tradición poética de la invasión de los nuevos bárbaros (internautas, facebookeros, bloggeros, rockeros, periodistas, promotores culturales y resentidos de todo tipo), pero frente a una poesía anclada en lo oral y lo contingente mis referentes tienden a estallar.

Por momentos Ataúd Martinolli me parece inconstante, por momentos quisiera que publique más. Aquí y allá encuentro versos brillantes, aquí y allá encuentro versos apresurados. Pero el propio poeta ha asumido con entusiasmo las derrotas. No es sólo un subterfugio verbal. No lo puede ser después de tantos años. Basta compararlo con sus colegas de la misma generación. Han devenido burócratas universitarios, poetas de recetas y temáticas escolares, algunos engolosinados en la frivolidad de un humor insulso. Grises en su brillantez universitaria —poéticamente parasitaria.

Por eso se siente a gusto con todos los marginales de la sociedad: putas, sodomitas, drogadictos, borrachos, empleados frustrados, lumpen, apatridas, inmigrantes centroamericanos, mojados, chavos banda, etc.

Ataúd Martinolli representa lo otro en la poesía. Es, sin proponérselo, la conciencia que nos acusa —me acusa—. Con Martinolli me doy cuenta que no estoy seguro de mis argumentos y defensas. No estoy seguro de lo poético de un poema. No estoy seguro de que a través de mi no terminen de hablar todos los residuos contra los que siempre he luchado.

8 comentarios:

Sergio Fombona dijo...

Muy interesante tu comentario, ¿o es la contratapa del libro de Martinolli? Dan ganas de leerlo, además, con ese "nombre", ¿o Ataúd es un apodo?
Te pido, si no es mucha molestia, que subas a tu blog algunos poemas de este poeta. Gracias, Enrique, te mando un fuerte abrazo.

Sergio Fombona

Enrique G. Gallegos dijo...

Estimado Sergio, el texto sobre Martinollirefiere a una presentación que hice previa a la lectura de poemas que realizó hace como 10 días; infortunadamente, Ataúd Martinolli sólo tiene una plaqueta publicada hace como 15 años. Voy localizar o pedirle algunos poemas y los subo al blog o te los envío. Sé que tiene en puerta un libro. Pero, por la tesitura del autor, bastante incierto. Y en efecto, "Ataúd Martinolli" es un seudónimo como en la vieja tradición del entre siglos XIX-XX. Creo que su nombre es el campirano, como cualquier latinoamericano por demás, José. Un abrazo, y sigo con atención tus crónicas de ese oculto y lejano Buenos Aires, pero que con la palabra recuperas y haces presencia plena.

Anónimo dijo...

Gracias, Enrique, por tu respuesta y por seguir mis crónicas, aguardo las poesías de Ataúd, espero que estés muy bien, te mando un abrazo a la distancia.

Pelotita dijo...

http://aguinaga.blogspot.com/2010/07/de-rostros-olores-y-humores.html

CECILIA MERMOR dijo...

Hola que tal Sr. Enrique, me agrado mucho su entrada, yo tuve el gusto de conocer al señor Martinolli y que nos impartiera un buen taller de poesía, lo único malo de el, es que se esconde quien sabe donde y no se le puede localizar, si usted sabe un dato de su paradero avíseme por favor, gracias, y espero otra entrada en su blog.

tetewari dijo...

habrá que buscar algo sobre Martinolli

saludos

Limón.

Cecilia Mermor dijo...

Hola Señor Enrique, nos gustaría incluir su texto sobre Martinolli, en la revista Obscuridad de Noviembre.
Espero su respuesta.

Enrique G. Gallegos dijo...

Cecilia Mermor, mándeme un correo a enriqueggallegos@hotmail.com y con gusto se lo envío con algunas ligeras correcciones. saludos